Memorias de un #ViajeAmable por Julián Insausti

|| Atención: Lo que usted está a punto de leer puede hacerlo reaccionar. Use el siguiente texto con discreción. El autor no se responsabiliza por las crisis existenciales que el texto pueda provocarle. ||

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Café en una mano, un poco de huevo de pascua que había en casa en la otra. En el TV, se reproduce el DVD de Jason Mraz. Todos restos de lo que fue este fin de semana pascual. Condensadas todas las experiencias en una sola. Es difícil expresar con palabras lo que uno vive. Todavía más cuando las experiencias en un punto superan la comprensión y el raciocinio. Pero en líneas generales, fue eso, DVD’s, Chocolate, comida, café, y buena compañía. Esa debería ser una descripción que nos conforme a todos. Si considera esa una buena descripción, le recomiendo que no siga leyendo lo que viene a continuación. Al fin y al cabo, es sólo eso, ¿no es cierto?

Las 18:10hs del viernes santo marcó el comienzo de todo. Muchos, se disponían para ir al vía crucis, otros aprovechaban el descanso en su casa y muchos más ya habían abandonado la ciudad, regresando a sus ciudades o escapando de ésta. Para nosotros, fue la hora que arrancó con todo, el puntapié inicial. La hora que comenzó nuestro Viaje Amable.

No tiene sentido detallar mucho que pasó ese viernes santo entrado ya en el viaje. Lo que sí vale la pena preguntarse, la primera pregunta de todo el viaje, ¿Por qué necesitamos escaparnos de la cotidianeidad para despegarnos del stress, para descongestionar la cabeza? ¿Por qué no nos permitimos los espacios en nuestros propios ámbitos, encontrar ese momento de relajarnos, de disfrutarnos a nosotros mismos y a la gente que tenemos a nuestro alrededor?

Como se darán cuenta a este punto, nuestra inquietud principal, es por qué vivimos en una sociedad que nos obliga a concentrarnos en lo externo, en lo físico, en lo material para sentirnos algo, para sentirnos alguien. Nos juzgamos todo el tiempo por lo que tenemos, o por lo que hacemos. Pero nunca nos detenemos a vernos a nosotros mismos. La mayoría de las veces no soportamos estar solos con nuestros propios pensamientos, tenemos siempre que hacer algo, estar con la mente ocupada para escaparnos de esas cosas que nos molestan y que al fin y al cabo son las que nos hacen crecer. Preferimos aferrarnos al status quo, a la ignorancia de que hay algo que realmente no nos completa, preferimos concentrarnos en las cosas.

El sábado empezamos a respondernos algunas de estas inquietudes. Existen personas que rompen con esta estructura mental de focalizar la atención en lo externo, que se centran en profundizar lo interior. No hay que tildar a esta clase de personas de egoístas, introspectivas o aisladas. Al contrario, son personas que vibran en otra sintonía, que consiguen entablar una amistad con su propio ser, que dejan de escaparse y transmiten esa paz del que sabe que lo importante no es lo que uno tiene, que no definen el SER con el Hacer o el Tener. Esta clase de personas no son para nada egoístas ni introspectivas, brillan con esa confianza del que sabe un poco más, del que sale de la ignorancia y emprende el camino del conocimiento.

Una de estas personas era Roxana. Una de las personas que conocimos en nuestro viaje. Roxana es una de estas personas que emanan eso que es invisible a los ojos pero más que visible al corazón. Irradia conocimiento, paz, armonía. Cruzamos la puerta y se notó el cambio en el ambiente. Palpamos la energía que había en el lugar. Nos relajamos al instante. Tal vez sea el olor a incienso, la madera, la calidez. O tal vez era todo eso y algo más, pero fue instantáneo, una experiencia que nunca había tenido con tanta claridad.

Roxana nos habló un poco de todo. Ella sabía que habíamos ido a escucharla. Sabía que teníamos dudas, muchas de las cuales les planteamos, muchas otras que ni siquiera fue necesario. Habló de la ignorancia y el conocimiento del YO. Habló de su viaje de dos meses a la India, y sus encuentros con maestros y santos. Nos habló de las decisiones, y lo importante que son para nuestra vida. Nos puntualizó que hay que dejar de escaparse y comenzar a elegir. Hay que tomar un sendero y seguirlo, porque no sabemos en realidad el tiempo que tenemos para llegar a donde queremos.

Más allá de todo, Roxana nos volvió el foco a lo simple, a lo que como sociedad occidental que no tiene historia, no sabemos encontrar a primera vista. Nos mostró que lo verdaderamente importante es ser, es alejarnos de lo mundano, que al fin y al cabo no es lo que realmente nos hace felices, sino el concentrarnos en lo que realmente nos completa y nos hace bien.

Tuvimos que comprarnos helado, tomar más café y comer más chocolates para procesar todo lo que había pasado. La experiencia nos completó por demás. No es sencillo que alguien te hable de algo tan sencillo pero en un ambiente tan cargado de emociones. Quedamos shockeados, abiertos, receptivos a todo lo que teníamos alrededor. Era lo que nos faltaba para bajar la ansiedad con la que habíamos llegado.

¿El desafío? Incorporar a nuestra vida occidental, un espíritu más cercano a lo que en realidad nos debemos. No centrado en el objeto sino en el sujeto. Esa es la clave de todo, lo que nos debemos como individuos. Es la única salida al veneno de la actualidad que focaliza todo en lo externo, en lo que uno tiene o carece. Cuando nos damos cuenta que lo importante es el sujeto, nosotros mismos, no hay límites. La tierra tiene recursos limitados para lo material, el universo del objeto es limitado. El universo del sujeto no tiene límites, es todo potencial, es todo lo que queremos ser.

La pascua la vivimos con unos buenos canelones caseros de abuela, con muchas cosas dulces y con muy buena onda. No vamos a negar que nos mimaron a sobremanera, para que realmente volvamos con el estómago lleno, y el corazón contento. No sólo Roxana nos mostró la importancia de ser “humanos”.

Nada mejor que despegarse de la rutina, de lo que nos absorbe, de lo que nos hace perder la noción de nosotros mismos. Es hora de tomar acción, no dejar que las cosas nos manejen. Dejar todo por uno, tomarse un tiempo, mirarse desde afuera, tomar aire, cambiar. Porque la realidad es que nosotros somos totalmente responsables de cómo nos sentimos. Dejemos de culpar a los agentes externos, el cambio realmente empieza en nosotros. ¿Empezamos a vivir?

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Julián Insausti
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